11 Mar. 2026
Cuando, el 10 de marzo de 1966, Automobili Lamborghini presentó el Miura en Ginebra no fue solo el lanzamiento de un nuevo modelo: fue la fundación práctica del superdeportivo moderno. A diferencia de los GT de la época, el Miura introdujo un motor V12 montado transversalmente detrás del habitáculo, una solución tomada del automovilismo y llevada sin concesiones a un coche de calle. Su configuración técnica —motor V12 de 3,9 litros con cuatro árboles de levas y carburadores Weber— y la colocación central del propulsor cambiaron para siempre la distribución de pesos y la experiencia de conducción.
El diseño, obra de Carrozzeria Bertone bajo la dirección de Marcello Gandini, dio forma a una silueta plana, ancha y agresiva que aún hoy se considera icónica. Detalles como los faros escamoteables con «pestañas», las generosas tomas de aire y las soluciones estilísticas para ventilar motor y transmisión recrearon el aspecto de un coche de competición en formato de serie. Además, la opción de colores vivos y personalizados situó al Miura entre los primeros coches en ofrecer una paleta atrevida y altamente personalizable, un rasgo que más tarde se convertiría en parte del ADN de la marca.
Detrás del proyecto estuvo la ambición de Ferruccio Lamborghini y un equipo joven e incisivo: ingenieros como Gian Paolo Dallara y Paolo Stanzani, y el piloto de pruebas Bob Wallace. Desde 1964 desarrollaron un chasis ligero y muy afinado para rendimiento; el prototipo mostró al mundo una caja de acero ultraligera y un concepto técnico radical que convenció a la dirección para llevar el proyecto a producción como L105. La carrocería definitiva se completó rápidamente y el prototipo naranja presentado en Ginebra hizo evidente que Lamborghini aspiraba a más que competir: quería redefinir.
En prestaciones, el Miura marcó hitos: las primeras versiones P400 entregaban entre 350 y 370 CV, alcanzando cerca de 280 km/h y acelerando de 0 a 100 km/h en menos de siete segundos, cifras sorprendentes para los años sesenta. La evolución culminó con el P400 SV, que ofrecía hasta 385 CV, más de 290 km/h y mayor control gracias a mejoras como la lubricación independiente y un eje trasero más ancho. Técnica y sonido iban de la mano: el V12 no solo aportaba potencia, sino carácter; su tono distintivo ayudó a convertir al Miura en protagonista de la cultura pop, incluida la célebre secuencia inicial de The Italian Job.
El Miura también se apoyó en soluciones de ingeniería audaces: motor, caja y diferencial compartían inicialmente una carcasa común y un sistema de lubricación —una solución compacta y compleja— que después se refinó con sistemas de lubricación separados. Su chasis espacial de acero, suspensión de doble brazo y muelles helicoidales ofrecían un manejo firme y directo en un coche sin ayudas electrónicas, donde la conducción exigía plena atención pero recompensaba con una experiencia genuina y pura.
Producido entre 1966 y 1973 en la factoría de Sant’Agata Bolognese, Emilia-Romagna, Italy, se fabricaron oficialmente 763 unidades, con variantes como P400, P400 S y P400 SV que combinaron rendimiento con distintos niveles de confort y ajustes. Hubo además ejemplares únicos y proyectos especiales —entre ellos un exclusivo roadster de 1968 creado por Bertone— y, décadas después, estudios conceptuales como el presentado en 2006 que homenajeaba la silueta sin caer en el retro. Un puñado de unidades únicas y las múltiples apariciones en portadas y concursos consolidaron su estatus: los Miura han sido restaurados y certificados en numerosas ocasiones por el departamento de preservación histórica de la marca, Lamborghini Polo Storico.
Seis décadas después, el legado técnico y estético del Miura sigue vivo: sentó las bases de modelos posteriores (Countach, Diablo, Murciélago, Aventador y Revuelto) y definió un ADN de marca centrado en la audacia, la experimentación y el diseño extremo. En 2026 la marca celebra este icono repasando su génesis, evolución y legado, además de organizar eventos conmemorativos que subrayan su importancia histórica.
Como expresó Stephan Winkelmann, el Miura no solo fue un coche excepcional por rendimiento y estilo; cambió el curso de la historia del automóvil. Su mezcla de valentía técnica, diseño visionario y feroz carácter hace que, incluso hoy, el Miura no envejezca: madura y mantiene su estatus como la obra que escribió el primer capítulo de la leyenda de Lamborghini.